

La extracción de seres vivos protegidos del medio marino o la pesca submarina mediante el uso de equipos de buceo autónomo son, simplemente, actividades delictivas. Si detectamos algún caso, debería ser denunciado a la autoridad competente.
La captura de organismos para acuarios sólo es justificable si median fines científicos, divulgativos y formativos, teniendo en cuenta que los animales o plantas capturados son confinados en medios artificiales, para los que muy pocos presentan capacidad de adaptación.
El coleccionismo de restos de animales (conchas, estructuras coralinas, partes duras de organismos, etc.) o de organismos para formar parte de colecciones particulares, es una actividad sin sentido, y es un hecho habitual incluso por centros y clubes de buceo. Una concha en una vitrina no cumple función ecológica alguna, mientras que en su medio desempeña importantes funciones, mucho después de haber muerto su propietario original.
Es además necesario combatir el mercado de “suvenires” marinos que se desarrolla por todo el planeta, evitando la compra de estos productos. Si los adquirimos, fomentamos la demanda y la extracción de recursos que son mucho más valiosos vivos y en su medio natural.
Especialmente grave en Canarias es la muerte o adquisición de caracolas de bucios, estrellas de mar o tamboriles espinosos disecados, especies prioritarias para el control de la plaga de erizo diadema existente.
La destrucción de la vida marina por puro “placer” debería ser razón suficiente para privar del mundo del buceo a aquellos que llevan a cabo estos actos. Una acción tan extendida y aparentemente inocua como la muerte de un erizo para dar de comer a los peces es un impacto ecológico importante. Los erizos de mar cumplen su papel como ramoneadores principales del sistema. 
En el caso de Canarias, la problemática de la plaga de erizo de lima (Diadema antillarum) es de tal magnitud que desde el Gobierno autónomo y los Cabildo Insulares se está impulsando un programa para su control, que conlleva el voluntariado de buceadores (www.controldiadema.org). La colaboración con estos programas debería ser previa información y coordinación con los responsables de llevarlos a cabo.
No hay que olvidar que el motivo de esta plaga es el desequilibrio causado por el propio ser humano en los ecosistemas poco profundos, en especial por la captura de sus depredadores. A pesar de que estas campañas son efectivas, hay que ser consciente de que se está causando un impacto en el medio marino, al favorecer a las especies oportunistas; por otro lado, ser especialmente cuidadoso en evitar dañar a otras especies que puedan estar asociadas con estos erizos o incluso a dañar a otras especies de erizos similares.
También, aunque en las convocatorias de los concursos de fotografía submarina cualquier agresión a la fauna o flora esta penada, siempre existirán fuera de concurso “deportistas” sin escrúpulos para los que el fin justifique los medios.
Esta actividad es objeto tradicional de controversia en el mundo del buceo recreativo, aunque ampliamente extendida en todos los océanos.
Sus consecuencias son perjudiciales para los organismos que se “benefician” de ella y para los sistemas que los albergan, los cuales sufren un importante desequilibrio.
Las alteraciones que producen son múltiples y de grado variable. Entre otras, provocan alteraciones de comportamiento en las especies que son alimentadas, generan sistemas artificiales dependientes de recursos externos, producen alteraciones metabólicas importantes debido a dietas extrañas a las especies, crean una dependencia total en muchos casos del suplemento de alimento aportado por el hombre, etc.
Muchas veces son llevadas a cabo por centros de buceo, que generan así zonas de inmersión con abundancia de peces. La situación se traduce en su caso extremo, en auténticos circos submarinos tan alejados de la naturalidad, que parecen existir hasta números ensayados. En Canarias, es destacable el “feeding” que se efectúa con tortugas, peces cartilaginosos (chuchos, rayas…) o morenas.
La actividad subacuática por sí misma, comparada con otras actividades en el medio natural, presenta un bajo nivel de impacto ambiental en cuanto a la producción de agentes contaminantes, pues sólo se liberan gases inocuos en el agua.
La liberación de plomo al medio, procedente de los cinturones de lastre, debería ser tenida en cuenta y procurar el uso de pastillas recubiertas de plástico o vinilo, o sacos rellenos de otros materiales, como forma de evitar procesos de contaminación química por liberación de sales de plomo.
Otras actividades ligadas al buceo pueden ser contaminantes, como son el empleo de embarcaciones a motor, desperdicios arrojados por la borda o en tierra en el lugar de inmersión, contaminación sonora (ruido excesivo de nuestra embarcación por velocidad inadecuada), etc. Sea cual fuera la forma de contaminación, se debería tomar todas las medidas correctoras necesarias para evitarlas o minimizarlas.
Si bien las campañas organizadas de limpiezas de fondos marinos cumplen un papel importante en la participación voluntaria de buceadores y en la difusión social de tareas e conservación, la mejor limpieza es la diaria. A ser posible, habría que recoger durante las inmersiones todo resto, desperdicio o residuo con el que se tropiece un buceador y depositarlo al salir, donde corresponda.
Se pretende que el buceador limite al mínimo los contactos con el entorno, bien sea paredes, declives, veriles, o incluso el fondo, para lo que se requiere de los conocimientos y experiencia adecuados. La sujeción excesiva del buceador en elementos del relieve genera impactos sobre la flora y fauna sésil. 
La acción del aleteo sobre fondos arenosos o fangosos, modifica notablemente las condiciones de esas zonas, generando turbulencia y afectando a los organismos filtradores y suspensívoros que la habitan. La acción mecánica directa de las aletas sobre cornisas, paredes, salientes, etc., arranca organismos y porciones de sustrato de su emplazamiento original, por lo que sus condiciones ambientales se ven alteradas.
En Canarias, debido a la variedad de los paisajes submarinos (cuevas, grietas, veriles, fondos arenosos…), es especialmente importante este control y distanciamiento de las zonas sensibles. Es por tanto necesario, un gran dominio de la técnica del buceo para permanecer en todo momento estabilizado mediante un correcto uso del chaleco hidrostático, así como limitar la propulsión con las aletas en pasajes angostos, pasos estrechos o junto a paredes.
En el mar se desarrollan otras muchas actividades profesionales con las que el buceador debe convivir, aún no estando de acuerdo con ellas. A menudo surgen roces y enfrentamientos con otros sectores, por malinterpretados choques de intereses, en especial con la pesca profesional.

La sistemática destrucción de artes de pesca encontradas en inmersión, como las nasas, a pesar de la ilegalidad manifiesta en se encuentran en muchos casos, solo conduce a enfrentamientos con un colectivo que defenderá sus derechos de explotación de los recursos marinos. Deberemos velar por el cumplimiento de las normativas vigentes en materia de pesca y respetar aquellas artes que estén legalmente dispuestas, y denunciar aquellas otras que no lo estén a las autoridades competentes en materia pesquera. Ambos colectivos, estamos condenados a entendernos.
También debemos respetar los espacios naturales y las áreas marinas protegidas, en especial cuando hay restricciones para el buceo. Deberemos lograr, como colectivo implicado, comprometido y preocupado de la conservación de los espacios protegidos, una cuota de participación en las fases de diseño, determinación de usos y toma de decisiones.
La fauna y flora que albergan estos particulares hábitats son especialmente sensibles a la luz y requieren de unas condiciones hidrodinámicas en el interior muy determinadas. El uso incorrecto de las fuentes de iluminación, la turbidez generada por nuestras aletas y los daños mecánicos directos derivados del contacto de las paredes con nuestro equipo provocan daños importantes que debemos de evitar, siendo extremadamente cuidadosos.
Lo más grave es el daño ocasionado por el aire exhalado de nuestros reguladores que queda retenido y embolsado en los techos de las cavidades, y que si no encuentra una vía natural de escape por fisuras o grietas, ejerce un efecto mortal sobre la fauna sésil que puebla los techos y cornisas. La acción del aire es equivalente a exponer dichos organismo al medio atmosférico. Todos estos impactos son muy habituales en la actividad del buceo en Canarias.
Debemos por tanto, favorecer la evacuación de las bolsas de aire atrapado, si este no encuentra su vía natural de escape, generando corrientes con la mano, que conduzcan el aire hasta los bordes de las cavidades. Además reduciremos en la medida de lo posible, la cantidad de aire liberado en el interior, disminuyendo nuestra cadencia respiratoria.
Si bien el impacto teórico sobre el medio producido por un buceador aislado es muy limitado, éste aumenta considerablemente al crecer el número de buceadores, que además tenderán a concentrarse en un espacio reducido.

La confluencia de varios grupos de buceadores en un mismo lugar de inmersión puede provocar autenticas aglomeraciones, con los riesgos que ello conlleva, como las confusiones de grupo de buceadores despistados. Las “horas punta” en “puntos calientes” de inmersión pueden provocar efectos muy negativos sobre un entorno sometido a un uso intensivo.
Solo desde una correcta gestión y coordinación de los Centros y Clubes de buceo respecto de la elección de sus lugares de inmersión y de las condiciones de las mismas (número máximo de buceadores permitidos, horarios no coincidentes con otros centros, presencia real de guías submarinos, etc.), será posible evitar la masificación y así atenuar los efectos sobre el entorno.
Desgraciadamente estos principios no priman en nuestro litoral y más en épocas puntuales del año, pero está en nuestra mano como usuarios exigir a los centros y clubes los máximos niveles de calidad en nuestras inmersiones, con grupos reducidos que no deberían exceder la cifra de ocho/diez buceadores, y con inmersiones en lugares alternativos a las zonas típicas. En el supuesto de que haya grupos numerosos, debería dividirse al conjunto en subgrupos que acudan a diferentes zonas.
La naturaleza de los fondos determina la vulnerabilidad de los mismos ante la acción del fondeo por parte de las embarcaciones. Se debe siempre seleccionar en cada punto de buceo las partes menos sensibles. Pero si la naturaleza del fondo es homogénea y por tanto igualmente susceptible de lesión, deberemos evitar el fondeo y seguir al grupo en inmersión por sus burbujas en superficie o por boya señalizadora. Este procedimiento es el ideal, aunque algunas veces es impracticable debido a las condiciones del mar.
Especialmente grave es el fondeo reiterado y sin atender a ninguna consideración que se produce en zonas de inmersión donde confluyen varios centros, muchos días al año, cuando lo correcto sería que entre todos, como usuarios de esa zona, se dispusiera un muerto de fondeo debidamente instalado. Ello rara vez ocurre, y cada uno va por su camino sin entender que ese camino es el de todos.
Deberán observarse las medidas normativas correspondientes en cuanto a navegación respetando las velocidades máximas establecidas para cada caso, procurando minimizar el ruido, sobre todo próximos al punto de inmersión, al que la mayoría de peces son especialmente sensibles.
Como forma de aumentar el disfrute de las inmersiones y de colaborar a conservar, preservar y proteger el medio marino, es fundamental el conocimiento sobre sus procesos, el entorno y sus habitantes. La riqueza de la biodiversidad marina canaria es muy importante, a la vez que frágil, ya que la plataforma litoral de las Islas, al ser de origen volcánico, es muy escasa.
No es suficiente con conocer algunas especies “estrellas”, hay que profundizar en todo tipo de seres vivos y en los ecosistemas que los albergan. Por lo general, en las inmersiones en Canarias nos encontraremos con los siguientes: algales sobre fondos rocosos; blanquizales; cuevas, veriles y grietas; fondos arenosos; fondos con anguilas jardineras, y sebadales. Cada uno tiene sus peculiaridades perfectamente diferenciadas del resto.
Los centros y clubes de buceo deberían incorporar módulos sobre el medio marino canario, de forma destacada e importante al impartir los cursos para nuevos buceadores, o para mejorar o especializar la categoría de los existentes, proponiéndose que se dedique tanto a la concienciación sobre las prácticas de buceo sostenible como a los conocimientos sobre el medio marino canario un mínimo del 15% del tiempo dedicado a formación en cada curso, y por tanto, estableciéndose un módulo específico que trate sobre BUCEO SOSTENIBLE E INTERPRETACIÓN DEL MEDIO MARINO CANARIO.
El buceo recreativo en parámetros de sostenibilidad es una de las pocas actividades humanas que compatibiliza la conservación del medio natural con el desarrollo socio-económico. En Canarias puede ser, sin duda, un aliado para la recuperación y valorización de los fondos marinos poco profundos que rodean las islas, zona por lo general con un grado de degradación muy importante.
No obstante, no hay que apartar la vista del impacto ambiental que se deriva de la actividad del buceo convencional, cuyo crecimiento progresivo en las Islas en los últimos años, el déficit de formación ambiental y la no del todo óptima gestión del mismo desarrollada por centros, clubes y submarinistas particulares, comienza a manifestar síntomas preocupantes. Esto redunda en la evolución de una actividad de “teórico bajo impacto ambiental” hacia una fuente de impacto ambiental “real y creciente” para el medio marino canario, especialmente frágil en su franja infralitoral (hasta 50 metros de profundidad), rica en hábitats y especies, que es donde se desarrolla esta actividad. 
Algunos aspectos destacados de este impacto ambiental serían:
- Molestias a la fauna durante períodos críticos, como por ejemplo la reproducción
- Cambios en el comportamiento de algunas especies, al interactuar con los humanos.
- Degradación de los hábitats y pérdida de la biodiversidad.
- Expoliación de organismos vivos, muertos, elementos geomorfológicos e incluso arqueológicos.
- Destrucción de organismos en paredes y cuevas por contacto
- Turbidez debido al aleteo, que perjudica a especies que no toleran la lluvia de sedimentos
- Molestias producidas por luz artificial o por flash, en especial en ambientes oscuros.
- Contaminación con hidrocarburos, plomo, basura o materia orgánica
- Intrusismo en zonas de difícil acceso, cuando utilizamos embarcaciones.
- Degradación por fondeo de embarcaciones en las praderas de fanerógamas marinas como los sebadales, y de los concrecionamientos de algas.
- Contaminación sonora por emisión de ruidos del motor de las embarcaciones.
Los objetivos que los sistemas de enseñanza de buceadores recreativos son la SEGURIDAD, la SOLIDARIDAD y la AUTONOMÍA, y por lo general se consigue su control mediante los sistemas regulados de enseñanza. El buceo sostenible pretende incorporar un cuarto concepto básico:
La CONCIENCIACIÓN del buceador en la mayoría de los cursos de formación, ni siquiera se propone. La inclusión en todos los niveles de formativos de códigos de conducta de respeto, protección y compromiso con el medio marino, unido al conocimiento mediante cursos específicos en ecología marina, son las herramientas adecuadas para completar un sistema de enseñanza atractivo y eficaz. Esto cobra especial relevancia en el marco de las zonas marinas protegidas.
El buceador deportivo es un invitado y como tal debe comportarse, respetando un entorno que lo acoge y le muestra sus maravillas. Por tanto, debe prevalecer siempre el PRINCIPIO DE IMPACTO MÍNIMO. Cuando nos sumergimos, nuestro papel ideal debería ser el del BUCEADOR FANTASMA: INMATERIAL, INTANGIBLE, EL PERFECTO OBSERVADOR, sin interacción con el medio, que aprecia la naturaleza en su verdadera dimensión sin el factor humano distorsionante. Este concepto irreal es, no obstante, de gran valor pedagógico para comprender el Principio de Impacto Mínimo, cuyas claves serían intentar cumplir lo máximo que se pueda con lo establecido en el Decálogo que proponemos del BUCEADOR SOSTENIBLE.
Pero este principio de mínimo impacto no está reñido con la posibilidad de disfrutar de formas distintas de interacción natural hacia nosotros de muchos animales marinos, de navegar entre bancos de peces, de observar las reacciones ante nuestra presencia de tortugas, tiburones, mantas, delfines, etc. En definitiva, de disfrutar de todas la magia del buceo, respetando unas simples normas de comportamiento responsable.